Publicado en: Dom, abr 22nd, 2018

Miguel Franjul analiza el intrincado mundo de las redes sociales

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Miguel Franjul, director del periódico Listín DiarioMiguel-Franjul

Santo Domingo.-Cuatro grandes empresas monopolizan el tráfico de noticias y otros contenidos en las redes sociales, decidiendo qué deben o no leer y ver sus usuarios, que se cuentan por miles de millones.

Estas grandes empresas, a las que acertadamente la analista Emily Bell, del Centro de Periodismo Digital de la Universidad de Columbia ha llamado “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, son Facebook, Google, Apple y Amazon.

Mediante una impresionante armadura tecnológica, estas empresas se han adueñado del espacio digital al diseñar y manejar la diversidad de dispositivos y aplicaciones que facilitan el acceso a las redes sociales, como los señores feudales del pasado controlaban la economía, la vida y todo lo que se movía en sus dominios territoriales.

Apoyadas en sus propias plataformas, contra las cuales no pueden competir los medios tradicionales, dan luz verde en las redes a las noticias y demás contenidos, debidamente filtrados, dirigidos a públicos específicos, y extraen en esa dinámica las ganancias que les generan los anuncios publicitarios que ellas mismas controlan y las aplicaciones o dispositivos que comercializan.

Esto quiere decir que tienen el control de la información mundial, porque los medios de comunicación que las generan, sean impresos o audiovisuales, tienen que someterse a sus reglas de tráfico si quieren llegar a audiencias más grandes.

Mediante algoritmos u otras aplicaciones, esos “jinetes del Apocalipsis” tienen capacidad para bloquear los anuncios que los clientes han colocado en los impresos y en sus diarios digitales o se llevan la mayor tajada en los cobros de estos. Adicionalmente, son dueñas de empresas de publicidad online.

Mediante esa “publicidad nativa”, estas empresas negocian directamente con los anunciantes y colocan los avisos pagados en aquellas redes sociales que difunden las noticias publicadas por los medios, impresos o audiovisuales independientes, dejando en seria desventaja a estos medios.

Este es un modelo de negocios al estilo de “lo tomas o lo dejas”, que difícilmente pueden esquivar los medios que necesitan mucho trafico y amplia audiencia para atraer a sus propios anunciantes, que migran hacia lo digital con iguales aspiraciones de que sus anuncios sean vistos por más personas.

Ahora, con la crisis de credibilidad creadas por las noticias falsas o la distribución selectiva de los contenidos que se distribuyen, son muchas las personas que abandonan la esfera de las redes sociales y revalorizan la sobriedad y la formalidad con la que los diarios tradicionales manejan sus contenidos, depurados y comprobados para no pecar de falsos o manipulados.

De ahí que esta coyuntura, que parecía marcar la decadencia o desaparición de los medios tradicionales, ha  permitido visibilizar la importancia de un periodismo serio y profesional, comprometido en la misión de servir a la sociedad, a la democracia, al buen balance de juicio de los ciudadanos con las noticias que son de su interés para tomar decisiones correctas.

Traducción al inglés

Digital feudalism

Four large companies monopolize the traffic of news and other content in the social media, deciding what their users should or should not read or see, which amounts to thousands of millions of people.

These big companies, which analyst Emily Bell, from the Digital Journalism Center of Columbia University, has accurately called “The Four Horsemen of the Apocalypse”, are Facebook, Google, Apple and Amazon.

Through an impressive technological armor, these companies have taken over the digital space by designing and managing the diversity of devices and applications that facilitate access to social media, just like the feudal lords of the past controlled the economy, life and everything that moved around their territorial domains.

Supported by their own platforms, against which traditional media just can’t compete, they give green light to the news and other content, properly filtered, aimed to specific audiences, and they extract from that dynamic the profits generated by the advertisements controlled by themselves and the applications or devices that they commercialize.

This means that they have control of the whole world’s information, because the media that generates them, whether they are printed or audiovisual, have to submit to their traffic rules if they want to reach larger audiences.

By means of algorithms or other applications, these “horsemen of the Apocalypse” have the capacity to block the advertisements that the clients have placed on the printed media and in their digital versions, or they take the biggest part of the profit from these. Additionally, they are owners of online advertising companies.

Through this “native advertising”, these companies negotiate directly with the advertisers and place the ads on social media that disseminate the news published by independent media, again, printed or audiovisual, leaving these media at a serious disadvantage.

This is a business model in the style of “take it or leave it”, which could be hardly avoided by the media that needs a lot of traffic and a wide audience to attract its own advertisers, who migrate towards digital platforms with the same aspirations that their ads get seen by more people.

Now, with the crisis of credibility created by fake news or the selective distribution of biased or unverified contents, many people leave the sphere of social media and revalue the sobriety and formality with which traditional newspapers handle their contents, purified and checked to avoid falsehood or manipulation.

Hence this juncture, which seemed to mark the decline or disappearance of traditional media, has allowed the visibility of the importance of a serious and professional journalism, committed to the mission of serving to our society, its democracy, and the rightful and balanced judgment of the citizens with the news that are of their interest, to lead to the right decisions

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