Publicado en: Dom, Jul 22nd, 2012

Oswaldo Payá, un ferviente católico que se opuso al comunismo en Cuba

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Oswaldo Payá, el disidente cubano y católico ferviente que falleció este domingo en un accidente de tránsito en el oriente de la isla, dedicó buena parte de sus 60 años a oponerse al régimen comunista de Fidel y Raúl Castro.

Payá alcanzó notoriedad internacional en mayo de 2002, cuando, en vísperas de la visita a Cuba del ex presidente estadounidense Jimmy Carter (1977-1981), entregó al Parlamento cubano 11.020 firmas de respaldo al «Proyecto Varela», una iniciativa suya para introducir cambios políticos en la isla.

Carter mencionó

el Proyecto en su discurso televisado en la Universidad de La Habana y Payá fue nominado ese año al Premio Nobel por el presidente checo Vaclav Havel. La invasión de Checoslovaquia por las tropas soviéticas en 1968 para poner fin a la llamada Primavera de Praga, motivó el inicio de la disidencia de Payá en Cuba.

El Proyecto Varela se apoyó en un artículo de la Constitución cubana que prevé la celebración de un referendo si la petición está debidamente sostenida por al menos 10.000 personas. Pero el Parlamento cubano lo rechazó argumentando que no cumplía todos los requisitos, en tanto que Payá sostenía que ni siquiera lo discutió.

«El Proyecto Varela no es una alternativa simplemente política, sino el cambio de vida que quieren los cubanos, es la llave para el cambio pacífico», declaró a la AFP en 2008, cuando fue nominado nuevamente al Nobel.

En 1999 recibió de la República Checa el Premio Homo Homini, y en 2002 el Premio Democracia del Partido Demócrata de Estados Unidos y el Premio Sajarov del Parlamento Europeo.

Católico devoto, casado con Ofelia Acevedo, con la que tuvo tres hijos, Payá mantuvo distancia de otras figuras de la oposición cuba
Buena parte de los 75 disidentes encarcelados en 2003 eran sus seguidores en el Movimiento Cristiano Liberación de Payá (fundado en 1988), pero a diferencia de otros opositores, nunca sufrió prisión, sólo cortas detenciones.na como la radical Martha Beatriz Roque o el moderado Manuel Cuesta, y rara vez se involucró en agendas colectivas.

En 2005 presentó a la prensa su «Base Común, camino de esperanza para Cuba», una agenda política para marcar el rumbo «cívico y pacífico» del cambio, y un año antes lanzó un «dialogo nacional» para una transición política.

Nacido en febrero de 1952 en una familia de clase media y con siete hermanos, el disidente sostenía que su verdadera vocación era la docencia, a la que se dedicó diez años antes de graduarse como ingeniero.

Pero en 1984

le prohibieron dictar sus clases de física debido a antecedentes religiosos y políticos, por los cuales también cumplió tres años de «trabajo forzado» en su período de servicio militar, entre 1969 y 1972, contó a la AFP.

Fue de los pocos dirigentes de la disidencia con empleo en una empresa estatal, de reparación de artefactos electromédicos. «Creo que me permiten trabajar porque es una manera de tenerme bajo control», dijo una vez.

Siempre estuvo determinado a vivir en Cuba pese a que él y su familia, dijo, eran «objeto constante de amenazas e intimidaciones». También se opuso al embargo que Estados Unidos impone a Cuba desde hace casi medio siglo, alegando que «no ha dado resultados».

Entre diciembre de 2002 y febrero de 2003 hizo una gira por diez países, que incluyó a España, Francia, Estados Unidos, la República Checa, así c

omo al Vaticano. Se entrevistó con el Papa Juan Pablo II y el entonces secretario norteamericano de Estado, Colin Powell.

Reconoció «fricciones con la jerarquía» católica, y criticó en los últimos meses la labor mediadora del cardenal Jaime Ortega ante el gobierno de Raúl Castro. En mayo pasado fustigó a los intelectuales laicos cercanos al cardenal, y los acusó de ser excluyentes y actuar como «comisarios políticos».

La dirección de la revista católica Espacio Laical dijo que estaba «consternada» por el deceso de Payá, «no obstante las diferencias en relación con objetivos y metodologías acerca del devenir nacional»,

«Deseamos resaltar que siempre lo consideramos una persona honesta, un ejemplar padre de familia, un católico íntegro, un buen cubano y un político que invariablemente actuó de acuerdo a su conciencia y supo conservar su autonomía», añadió la revista.

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