Publicado en: Jue, Jun 21st, 2012

Francia y la España ‘pobre’

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En estos días de cierta amnesia futbolística sobre la selección española y más de un desgarro catastrofista sobre sus actuaciones ante Italia y Croacia, conviene bucear en el pasado reciente de este equipo. Y en la genética de los grandes campeones, en los que ha prevalecido tanto la superioridad de su talento como su cuajo para gestionar victorias en días de sombras.

Hay que remontarse al Mundial de 1970, con Brasil, para reconocer a un equipo que arrollara durante todo un torneo, y quizá a la canarinha de 2002 para dar con una selección que ganara de forma más o menos holgada. Si se rebobinan los Mundiales, y lo mismo valdría para las Eurocopas, se observa que todos los ganadores han tenido que sobreponerse a un campo minado: Alemania, en el 74, perdió en su casa con la RDA; en el 78, Argentina sobrevivió por una sospechosa goleada a Perú; en el 82, Italia arrancó con empates ante Polonia, Perú y Camerún; en el 86, aquella mano de un dios; en el 90, Alemania, desde octavos, ganó tres partidos por un gol de margen, una semifinal en la rueda de los penaltis y la final también desde los once metros; Brasil, en el 94, superó todas las eliminatorias por un gol y en la final solo hizo bingo en los penaltis; y en el 98, Francia necesitó una prórroga ante Paraguay y los penaltis ante Italia.

Tengo muy grabada la imagen de ese partido de 2006, en el que infravaloramos a los franceses»

Vicente del Bosque

Encumbrada por la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010, sostiene Vicente del Bosque que España, la España fatalista de hace dos días, ha pasado muy rápido de pobre a rica. No le falta razón. Basta con echar un vistazo a su historial y comprobar que cuando ahora se la tiene por favorita ante rivales como Italia o Francia parece olvidarse que, penaltis al margen, en el caso de los azzurri solo ha ganado un partido oficial, y la data es de 1920. En el caso de los bleus, ni eso, ni con la Quinta del Buitre o el embrión del que luego fuera campeón de Europa en Viena. De seis partidos oficiales, España ha perdido cinco y empatado uno (en la Eurocopa de 1996, en la fase de grupos).

La maldición comenzó en 1984, en la final de la Eurocopa francesa, cuando Platini, en mal día de Arconada, y Bellone dieron el oro a Francia (2-0). Años después, camino del campeonato europeo del 92, ya con Platini como seleccionador, los galos dejaron a la España de Luis Suárez y la Quinta del Buitre sin pase para el torneo (3-1 en París y 0-2 en Sevilla, en su primera derrota en el que decían era su estadio fetiche).

En la Eurocopa de 2000, la fatalidad no fue de Arconada, sino de otro símbolo español, Raúl, que en cuartos falló un penalti en los últimos instantes que hubiera forzado la prórroga. Y tampoco Luis Aragonés pudo con los franceses. En el Mundial de 2006, en octavos, Villa adelantó a España de penalti, pero Ribéry, Vieira y Zidane retorcieron a los hispanos. Seis años después, de aquel partido, solo Ribéry y Malouda se han perpetuado hasta la edición de Polonia-Ucrania; Casillas, Ramos, Alonso, Xavi, Cesc y Torres fueron titulares en Hannover. También Villa y Puyol, que estarían el próximo sábado en Donetsk de no estar lesionados. Lo mismo que Abidal.

En la genética de los grandes campeones ha prevalecido tanto la superioridad de su talento como su cuajo para gestionar victorias en días de sombras

“Tengo muy grabada la imagen de ese partido de 2006, en el que infravaloramos a los franceses: que si eran muy viejos… Es una costumbre muy española no cuidar a los rivales”, dijo el pasado martes Del Bosque en Onda Cero. Y eso que se refería a un tiempo en el que España aún se daba de bruces campeonato a campeonato. Ahora, ya con dos tronos, el seleccionador pide la misma prudencia. La euforia, otro clásico español, país de contrastes futbolísticos, que pasa del pesimismo crónico a la pesadumbre por una victoria pírrica.

En el fútbol de alto nivel nada es sencillo. Ni para superpotencias como Barça y Madrid, despeñados en la Champions con media España, Messi y CR. Lo sabe Holanda, ya de vacaciones. Y lo saben todos los campeones, incluida España, la nueva rica, siempre pobre ante Francia, pero hoy madura en las buenas y en las malas.

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